Saltar al contenido Saltar al menu Saltar al contenido
Instituto Aragonés de la Juventud

Instituto Aragonés de la Juventud

Violencia de Género

La violencia de género tal y como se presenta hoy en día, es un fenómeno que ha crecido a un ritmo mayor que los accidentes de coche y que los robos. Aunque todos tendamos a olvidarlo, el hogar, lugar ideal de cariño, comprensión, apoyo, respeto y satisfacción de diversas necesidades, puede ser un ámbito de riesgo. En él aparecen enfrentamientos, discusiones, roces, que en situaciones más patológicas pueden provocar la aparición de conductas violentas. Lo mismo ocurre si hablamos de relaciones de pareja.

III Concurso Microrrelatos contra la Violencia de Género "Jóvenes con mucho que contar". 2017

El Instituto Aragonés de la Juventud, en colaboración con el Instituto Aragonés de la Mujer y con la Fundación Piquer a través de su programa educativo PrevenGO, convocan una nueva edición del Concurso de Microrrelatos contra la violencia de género “Jóvenes con mucho que contar” con el objeto de dar visibilidad a las reflexiones de nuestros jóvenes sobre la violencia de género.

Como en anteriores ediciones, puede participar en este concurso cualquier joven de 14 a 30 años residente en Aragón, que escriba un relato que verse sobre la temática del concurso y que tenga un mínimo de 100 palabra y un máximo de 300.

 En esta edición, conscientes de que las redes sociales son todo un referente de comunicación y socialización entre los jóvenes, se propone una nueva forma de participar en el concurso: escribiendo un tweet con un máximo de 140 caracteres sobre la temática del concurso.

 El plazo de presentación de trabajos, un microrrelato y un tweet por concursante, comenzará el 2 de noviembre y finalizará el 17 de noviembre a las 14:00 horas.

subir

Materiales para trabajar la violencia de género con jóvenes

- Proyecto Jóvenes + Igualdad

- Dossier de Trabajo Jóvenes + Igualdad

subir

¿Qué es la violencia de género?

En la Conferencia de Beijing de 1995 se indicó que la violencia contra las mujeres es un obstáculo para lograr los objetivos de igualdad, desarrollo y paz, y viola y menoscaba el disfrute de los derechos humanos y de las libertades fundamentales. En esa conferencia se definió la violencia de genero como: “ todo acto de violencia sexista que tenga como resultado posible o real un daño de naturaleza física, sexual o psicológica, incluyendo las amenazas, coacción o privación arbitraria de la libertad para las mujeres, ya se produzca en la vida pública o privada”.

Esta definición haría referencia a todo tipo de violencia contra la mujer: malos tratos, agresiones sexuales, mutilación genital…

Los malos tratos dentro de la pareja suele hacer referencia a la dinámica de violencia (ya sea física, psicológica, sexual y/o social) que ocurre en una relación afectiva de pareja, en la que puede existir una convivencia. Existen muchas definiciones, pero aspectos comunes a la mayoría de ellas son los referidos a la existencia de daño, a la presencia de acciones agresivas, el ámbito en que se producen, al abuso, al poder...Supone un recurso inadecuado para hacer frente a situaciones conflictivas o para solucionar problemas que terminan por alargarse en el tiempo, ya que la violencia, más que resolver, los complica.

Hay que tener en cuenta que los malos tratos son difíciles de detectar si la victima no da pie o los encubre. Recordemos que estos temas siguen siendo considerados como de ámbito privado (por lo que cuanta menos gente lo sepa mejor).

Pero este uso de la violencia permite al que la usa lograr algo, es instrumental e intencional, por lo que se considera que el agresor es perfectamente consciente del daño que esta ocasionando con su conducta. Permite lograr un fin: el poder y el control de la relación, el dominio sobre la vida del otro, en este caso de la mujer. La agresión no ocurre de forma esporádica o casual, si no que forma parte de una dinámica, por lo que nunca se trata de un suceso aislado, si no que es lo habitual en la relación. Este ejercicio de poder marca la base de una gran desigualdad entre ambos miembros. Si uno manda, otro debe obedecer, lo que da lugar a una jerarquización rígida basada en la diferenciación de sexos, con papeles bien marcados e inintercambiables.

Otra característica que se ha observado es que en caso de ruptura existe el riesgo de que la intensidad, gravedad y frecuencia de los episodios pueda aumentar. Y es que la agresión no es una manifestación del poder que el agresor puede llegar a tener, si no una reacción ante la sensación de perdida del mismo.

subir

¿Que tipos de violencia me puedo encontrar?

Existen distintos tipos, pero siempre en función de lo que haga el agresor, y no en base a las secuelas que sufre la víctima. Hay que tener en cuenta que un maltrato de carácter físico va a provocar distintas consecuencias y secuelas en la víctima, tanto físicas como psicológicas (moratones, heridas, estrés, miedo, ansiedad…).

En diferentes fuentes bibliográficas se pueden encontrar distintas clasificaciones: maltrato físico, psicológico, sexual, económico, religioso, social... Los distintos tipos de violencia no son excluyentes entre si, sino que tienden a interaccionar y darse varios de ellos de forma simultanea. Los más habituales son:

1-Físico: acción no accidental(por comisión o omisión) que puede provocar daño, enfermedad o muerte en la mujer. Va de la bofetada al homicidio.
2-Psicológicos: rechazo, violencia verbal, amenazas, menosprecios, ridiculizaron de los intentos de comunicación entre ellos y el resto de las personas. Ignorancia, degradación, anulación. A veces olvidamos la importancia de la comunicación no verbal (tonos, gestos, volumen, uso del espacio…)
3-Sexual: supone el abuso o agresión sexual, obligar a mantener relaciones no deseadas.
4-Todo esto va acompañado de aislamiento social, de privación de relaciones sociales y/o de presión financiera que impide el acceso y manejo de todo lo relacionado con el dinero. Serian el maltrato social y el financiero.

subir

¿Por qué y que ocurre en una relación de maltrato?

Una mujer maltratada busca en la relación  lo mismo que cualquier otra mujer: una persona con la que compartir su vida, un compañero, una familia,  cubrir unas necesidades de carácter afectivo y social, el sentir y vivir el amor, la pasión…Lo que se encuentra es algo totalmente distinto. Estas expectativas, generalizables para todos en una relación de pareja, se tornan en situaciones de violencia poco a poco y de forma gradual e inesperada, y se aceptan de forma inconsciente.

Durante el proceso de socialización, que es cuando se aprenden, experimentan, aceptan o rechazan los estereotipos, la feminidad y la masculinidad se adquiere en un contexto cultural y social que nos enseña a lograr nuestros objetivos y a enfrentarnos a los problemas de forma distinta. Se enseña al niño a ser competitivo, fuerte, duro… y a la niña a ser dulce, comprensiva, respetuosa…. La mujer maltratada ha aprendido y/o aprende a ser sumisa, callada, atenta a las necesidades de su pareja, ya que si no, eso le conlleva unas consecuencias no deseadas. En la relación maltratante no se le refuerzan  si no que se le castigan las actitudes y conductas de independencia, capacidad y reacción.

Si observamos las estadísticas, muchas de las relaciones maltratantes se inician en edades tempranas (adolescencia y juventud), en las que el exclusivismo de la relación de pareja sobre otras relaciones sociales es muy marcado. Esto puede llevar a un aislamiento social y a un centrarse solo en la pareja. Las emociones también son muy marcadas y viscerales, y no solo las positivas (amor, pasión), si no también las negativas (enfados, celos), lo que va a permitir una naturalización y aceptación de situaciones de control y violencia en pos de ese amor.

No podemos olvidar tampoco que estamos hablando de relaciones afectivas bidireccionales, a las que se llega a través de una aproximación y “cortejo”. La violencia puede aparecer ya en el noviazgo, y partirá de situaciones aparentemente normales, que poco a poco mostrarán la dinámica futura. Estaríamos hablando del filo de la navaja, de esa línea difusa que separa lo normal de lo patológico. En nuestra cultura, están socialmente admitidas las conductas de celos, de control de la pareja, centrarse en la pareja, actitudes machistas, preguntas, detalles,... En una relación igualitaria no van más allá, pero en una relación asimétrica ¿dónde acaba la atención y empieza el control? ¿Dónde acaban las peticiones y sugerencias y empiezan las exigencias? ¿Dónde acaba el juego de los celos y empieza el afán de posesión? En el noviazgo puede aparecer una violencia, no necesariamente física, si no verbal y psicológica a través de exigencias, desvalorizaciones, humillaciones y desprecios que la agredida minimiza y acepta, y que no percibe como violencia. No es fácil aceptar la contradicción de que la persona que le dice que le quiere también le dañe. Muchas de ellas mujeres consideran que si entonces les hubiesen pegado no habrían seguido con él.

Normalmente, ya en el noviazgo ellos se mostraron agresivos con otras personas “pero entonces no lo era conmigo”. No consideran a estas agresiones como una situación de violencia. Ante las primeras agresiones suele aparecer la sorpresa, y con esta, la incapacidad de responder por no saber como hacerlo. Poco a poco se aceptan sin ser consciente de ello.

En ocasiones la convivencia y el matrimonio permite salir de situaciones problemáticas que en ese momento existían en la familia de origen. A veces son conscientes de la existencia de problemas en la relación, de que algo no va bien, pero creen que deben ayudarles y que las cosas cambiaran.

Cualquier situación, por trivial que parezca, puede llegar a provocar una reacción exagerada y con violencia (gritos, empujones, insultos, amenazas, etc), que generará sorpresa e incredulidad en la mujer, provocando una negación, una justificación y/o una minimización (quitarle importancia). Esto le llevará  a perdonar a su pareja/agresor cuando este le promete cambiar, no prestando atención a la escasa capacidad que él muestra para asumir su responsabilidad en las situaciones provocadas.

¿Se trata de una pelea de pareja? El problema no es la discusión, si no como se resuelve. En esta dinámica es importante recordar que la interacción es desigual entre ambos miembros de la pareja. Lo que puede parecer una pelea normal son las primeras manifestaciones de una dinámica de violencia-aceptación-sumisión. Esto implica una confirmación de la utilidad del uso de la violencia para él y una aceptación de la misma para ella.

subir

Mitos relacionados con la violencia

Es un mito y un error pensar que el uso de la violencia solo aparece en el matrimonio, también lo hace durante el noviazgo. No es verdad que sea exclusivo de clases sociales bajas, si no que existe y se da en todas las esferas sociales, económicas y sociales. No es cierto que las mujeres permanezcan por que les gusta que les agredan. Su situación es difícil y complicada, y no podemos obviar que en ocasiones las manifestaciones mas violentas pueden producirse con la ruptura.


ERRORES Y VERDADES SOBRE LA VIOLENCIA DOMÉSTICA

 

Falso

 

 

VERDADERO

 

Pegar una bofetada a su esposa no está prohibido por la ley.

 

 

Una bofetada es una forma de maltrato. La ley especifica que un ataque a otra persona, incluida su esposa, es ilegal.

 

 

Maltratar significa golpear a alguien hasta que sangra o se le fracturan los huesos.

 

 

Maltratar significa causar dolor físico o psicológico, independientemente de que haya heridas visibles o no.

 

 

El abuso de drogas y alcohol es responsable de la violencia familiar.

 

Muchas personas que actúan violentamente contra los miembros de su familia nunca toman alcohol ni usan drogas. Otros toman alcohol o usan drogas y no son violentos.

 

 

Los hombres maltratados por las mujeres constituyen un problema tan serio como el de las mujeres maltratadas.

 

De todos los adultos maltratados, el 95% son mujeres. Es cierto que algunas mujeres maltratan a sus maridos, pero en la mayoría de los casos las mujeres son las víctimas y no las agresoras.

 

 

La mayoría de las víctimas de la violencia familiar no sufren heridas serias.

 

El maltrato causa más lesiones en las mujeres que el total de los accidentes de tráfico, asaltos callejeros o violaciones

 

 

Si una mujer maltratada dejara a su marido, estaría a salvo.

 

Las amenazas, los acosos y las agresiones generalmente aumentan cuando la mujer deja al agresor. Este momento puede ser el más peligroso de su relación.

 

 

Si se arrestase a los maltratadores y se les metiera en la cárcel, la violencia familiar terminaría.

 

El arresto y la detención del agresor no son, por lo general, suficientes para que éste deje de ser violento para siempre. Es imprescindible someterse a un tratamiento psicológico (y médico en los casos precisos) especializado.

 

 

subir

¿Por qué mantienen la relación?

Esta es una de las preguntas que tanto profesionales como la sociedad en general,… y las propias mujeres tienden a hacerse y no encontrar respuesta. Una de las razones del mantenimiento de la relación violenta es que es una consecuencia de la experiencia traumática que se vive. En este tipo de relaciones se genera un estado de indefensión, “de no saber que hacer para cambiar las cosas”, de creer que “no se puede hacer nada”, de que “haga lo que haga da lo mismo”, que va mermando la autoestima de la mujer y su capacidad de afrontamiento y resolución de problemas. Esto va a favorecer la permanencia de la relación.

Para llegar a la ruptura, la mujer entra en un proceso de larga duración, y que como todo proceso se compone de unos altos y de unos bajos. No es estable, por lo que nos encontraremos con mujeres que cambian de opinión según sus circunstancias: que rompen y vuelven con su agresor. Lo anormal no son sus reacciones, si no la situación en que viven, y estas idas y vueltas son una reacción más a la situación.

Esto se entiende si tenemos en cuenta las características de la mujer maltratada y la dinámica de la violencia. En general, podemos decir que no existe ningún patrón tipo de personalidad previo de la mujer maltratada, pero si una serie de consecuencias y secuelas psicológicas que provocan cambios en la forma de actuar y ver la vida de estas mujeres.

Hay que tener en cuenta que una vez aparecidos los malos tratos la mujer se enfrenta a su incredulidad, vergüenza, y ambivalencia. Piensan, avaladas por las promesas de cambio de ellos, que todo puede y va a cambiar… que ellas deben esforzarse por cambiar la situación.  Para ellas es vital preservar la unidad familiar, aunque eso suponga aguantar una situación que les merma (“ya me he acostumbrado”) y por eso callan y ocultan, lo que termina por instaurar la dinámica. Hay que recalcar la importancia que el silencio tiene en cualquier dinámica de violencia. Mientras este se mantiene, la situación no cambiará o en todo caso se potenciará. En el momento en que se rompe, empieza a romperse casi de forma imperceptible la situación: se está dando la opción a la introducción de cambios, lo que puede provocar un posible cambio de del punto de vista de la situación por parte de la mujer.
La mujer maltratada suele presentar una baja autoestima y autoconcepto. Esta baja autoestima se debe, entre otras cosas, a que creen a su pareja cuando este las menosprecia y desvaloriza, de forma que llegan a asumir estas afirmaciones como ciertas. Si esa persona que es importante para ellas y les quiere, y que por tanto no haría nada malo, dice algo concreto por muy negativo que sea, tal vez tenga razón. Poco a poco la duda se convierte en certeza y no cuestionan las afirmaciones de él, por irreales y absurdas que sean.

Presentan poca capacidad de independencia, tanto personal, social como monetaria. Su red social se ve mermada a lo largo del tiempo. Su pareja les aísla social y familiarmente, con el consiguiente malestar y sobrecarga que eso supone. Su agresor puede llegar a convertirse en su única referencia a este nivel, lo que marcará más aún el poder que ellos tiene sobre ellas, y la dependencia de ellas hacia ellos. Este es uno de los problemas a los que la mujer debe enfrentarse en caso de ruptura.

Dado su alto nivel de desvalorización, se sienten incapaces de tomar decisiones y de realizar cambios de forma autónoma. Esto afectará directamente al proceso de decisión de romper, alargándolo o anulándolo en algunos casos.

Tienen sentimientos ambivalentes hacia su pareja: es agresivo y amable, esta tranquilo y explota…por lo que ellas dicen quererlos y odiarlos. Consideran que eso no puede ser muy normal y por tanto desarrollan un gran malestar y culpabilidad. Olvidan que estos sentimientos ambivalentes si pueden tener sentido si se asocian a la situación y circunstancia que los provocó. Es normal sentir cariño si las cosas van bien…y rabia si se acaba de producir una agresión, aunque el objeto de ambos sentimientos sea el mismo.

Se aferran a lo bueno del maltratador, a sus buenos momentos y recuerdos. Dadas las características de la relación se muestran siempre atentas y pendientes de todas las necesidades de su pareja, rechazando y olvidando las suyas.

Se produce una negación de la realidad, llegando incluso a considerar que su agresor no es responsable de su conducta de malos tratos. Viven de un ideal, de como les gustaría que fuese su vida. Tienen los roles y estereotipos sexuales muy interiorizados. Tienden a justificar y excusar las reacciones violentas de su pareja (“no ha sido nada”, “es que tiene problemas en el trabajo”,” es que no podía actuar de otra forma”).

Esta situación de indefensión, descontrol de las situaciones y de tensión hace que estén en permanente estado de alerta. Sus sentimientos se basan en el miedo, lo que les impide realizar cambios y son incapaces de buscar ayuda si se sienten amenazadas.

subir

¿Que pasa con él?

El maltratador también presenta unas características concretas. Las que se nombran en la mayoría de los estudios son las siguientes:

Según muchos estudios el hombre violento puede haber vivido o experimentado en su familia de origen, o bien como víctima o como testigo, este tipo de relación. En muchos casos existen antecedentes familiares.

Si como instinto la agresividad es controlada o canalizada por la mayor parte de las personas, el hombre violento suele tener problemas en el uso y control de estos impulsos agresivos. El hombre agresor dice no ser consciente, o considera que su escalada de ira es brusca y repentina, por lo que no la paran ni controlan. No reconoce la existencia de un problema, o al menos no es el suyo, por lo que hacerle asumir su responsabilidad es difícil.

Interpretan de forma superficial los hechos y abundan las justificaciones. Minimizan y niegan la situación. Intentan justificar la violencia responsabilizando de su conducta a cualquier motivo o situación... o a otras personas, principalmente a su pareja. Se justifican alegando una falta de control, una provocación, trivializando sus actos agresivos y las consecuencias que estos provocan.

Consideran que las causas de su agresividad están fuera de su responsabilidad y control. Culpabilizan a su pareja de la violencia de la que son objeto, cuestionando continuamente su comportamiento. Tienden a aludir a una violencia cruzada como excusa y defensa.

Presenta bajo autoconcepto y autoestima. No se sienten bien en estas situaciones, ellos tampoco están satisfechos con lo que ocurre, siendo esta una de las razones de su minimización.

Se trata de sujetos con pocas habilidades para hacer frente a las situaciones de tensión, por lo que responden agresivamente. La negación de la situación les lleva a relegar al olvido los efectos y consecuencias del maltrato. Se trataría de un déficit en el afrontamiento de situaciones y falta de habilidades en la resolución de problemas.

Tienden a generalizar su conducta como forma de justificar su violencia (a todos nos ha pasado, todo el mundo.

Suelen presentar una doble fachada. Su comportamiento puede ser distinto según esten en el ámbito público o privado. En muchas ocasiones son considerados buenos y dóciles, amables con la gente, mientras que en su relación de pareja se muestran agresivos y exigentes, de forma que en general no dan importancia al maltrato, siendo incapaces de mantener relaciones significativas. Suelen ser sujetos con escasas relaciones sociales.

Creen en los estereotipos y roles sexuales, de forma que para ellos maltratar no solo esta justificado, si no que es incluso aceptable. Desde su punto de vista lo suyo no es maltrato.

A veces, presentan algún tipo de adición. Este es uno de los mitos con los que nos enfrentamos, ya que tanto ellos como ellas, y la sociedad en general, consideran que las adicciones son una de las causas de los malos tratos. Si bien en ocasiones vienen a extremar las situaciones, también se muestran agresivos en otras ocasiones en las que no han consumido. En caso de existir consumo de sustancias también se produce una negación de este hecho.

Suele tratarse de hombres a los que les cuesta estar solos. Necesitan una mujer a su lado, son dependientes. Normalmente tienen antecedentes de violencia con otras mujeres, ya que repiten los mismos esquemas en sus distintas relaciones.

subir

¿Cuales son los motivos por los que las jóvenes no hablan sobre la violencia que sufren?

No podemos olvidar de que estamos hablando de un problema en el que son de vital importancia los aspectos afectivos, psicológicos, sociales y personales. La mujer se ve envuelta en una dinámica que provoca una serie de secuelas, que en vez de actuar como detonantes de la ruptura, realmente funcionan como trabas a las que debe enfrentarse en caso de decidirse por ella.

 

 

En muchas jóvenes, una razón para no romper es el miedo:

 

  • A la reacción del agresor, que puede tenerla amenazada, tanto a ella como a su familia
  • A perder su libertad cuando sus padres se enteren de la situación
  • A la presión de la familia y amistades para que deje a su agresor cuando no está convencida todavía de ello.
  •  A que sus amigos y amigas la culpabilicen de lo sucedido
  • A estar sola, ya que la relación la ha aislado y hecho apartarse de sus amigas y amigos.

 

 

 

Hay que indicar que si una joven o una mujer maltratada y agredida por su pareja se decide por la ruptura, puede tardar, pero finalmente lo hará, no sin cuestionamientos y dificultades. Si aprende de ese proceso, será la primera interesada en no volver a repetir la experiencia.

subir
 
Subir
Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER)
© Gobierno de Aragón. Todos los derechos reservados.
Política de Privacidad Aviso Legal Accesibilidad

Edificio Pignatelli. P°María Agustín, 36. 50071 - Zaragoza. Tfno. 976 714 000
Gobierno de Aragón